sábado, 2 de abril de 2011

Lamento por Gallagher Bentham

 
Cuando Gallagher Bentham murió
se produjo un curioso fenómeno:
a las vecinas les creció el odio como si hubiera aumentado la papa
feroces y rapaces comenzaron a insultar su memoria
como si el deber obligación o tarea de gallagher bentham
fuera ser inmortal

siendo que él se preocupaba cuidadosamente
de vivir imperfecto a fin de no irritar a los dioses
jamás se cuidó de ser bueno sin ganas
pecó y gozó como los mil diablos
que sin duda lo habitaban de noche
y lo obligaban a escribir versos sacrílegos
en perjuicio de su alma

así
creció famoso por su desparpajo y sus caricias
“ahí va gallagher bentham el desgraciado malparido” decían las vecinas a sus hijos
y lo mostraban con el dedo
pero de noche soñaban con él
de noche una extraña nube o mano o seda
se les metía en la garganta soñando con él

¡ah gallagher bentham gran padre!
pueblos enteros habría fundado nada más con sus hijos
de haberlos querido tener
de no haber sido por los versos
que no piden de comer y es de lo poco que tienen a favor

de modo que murió nomás y la gente
desconcertada por la falta de ejemplo del mal ejemplo
o con la sensación de haber perdido algo de su libertad
designó representantes que entrevistaron a gallagher bentham
y por más preguntas que le hicieron
sólo escucharon el ruido de las abejas en su cuerpo
como si estuviera haciendo miel
o más versos en otra cosa siempre

es difícil saber porqué el vecindario de Spoker Hill llegó a odiarlo así
lo descuartizaron una mañana de otoño para alegría de los chicos
no hubo más nubes en garganta de mujer
ni desquites feroces en la cama con marido extrañado
o hasta sueños de las más delicadas que llenan la noche
y hacían girar al viento y llover

todos los arbolitos de Spoker Hill se secaron
menos el tábano real que volaba y volaba
alrededor de gallagher bentham o sus últimas mieles.

De Los poemas de Sidney West, Juan Gelman.

domingo, 27 de febrero de 2011

¿Qué le dijo al miedo?
¿Qué fue lo que dijo en las habitaciones continuadas que se fueron apagando? Que se fuera.
¿Qué le dijo a su hijo con el miedo en la boca, a veces para entregarse ansioso, para salvarlo, obvio, para perpetuarse? Que aprenda.
¿Qué le infundió al cansancio que se le tornó morada y sin su osamenta sólo era un payaso que ya no cargoseaba?
¿Qué le aseguró a su propia alma, en el badén al que la bruma le quita morbo? Parado, como si fuera sobre sus pupilas, viéndolo todo vigorosamente, viendo en sí las ecuaciones que laten tras el milagro, la incómoda sonoridad de un hueso de uno, la muerte, torvamente, a la que, ¿cómo decirlo?, ¿qué se le pregunta?

Luis Alberto Spinetta, texto en prosa publicado en Martropía.

jueves, 10 de febrero de 2011

Jorge Leónidas Escudero

Cuerpo a tierra

Neste rancho tirado campoafuera
dejó sus cosas miren
tas alpargatas viejas les salieron bigotes
de andar andando sin salida.

De un clavo en la pared vean el sombrero
sudado a soles y un pañuelo bonito
de el cuello, ¿para lejanamente?
Lo que se lleva puesto: camisa dominguera
y pantalón en piernas como palo
que no han bailar ninguna cueca ya.

Y por si alguno ustedes quiere saber más,
él, quera tan pobre como ha sido nos deja
el cielo abierto paa que las estrellas
y los pájaros alumbren.
E el aire pa que lo respiremos deja.

Se llamó como no les importa. El tiempo
lo sacó del vientre de su madre
y lo puso a trabajar hasta que
véanle las manos ahora
quietitas y sin saber qué hacer. Al fin
terminó su tarea de hombre.


Oh ese bar

E estábamos en el bar La Gota de Grasa
famoso cubil de nocturnos. Óiganme,
no una noche ni dos jugábamos al truco,
no por chiste ¡epa!

Orejeábamos la noche sin apuro
y sucedía qu'el tiempo
sin avisarnos iba hacia hacete
de cuenta que estábamos en el paraíso.

Que hasta a la alba no cejábamos
de manejar cartas ahí
seguros de que nunca se nos secaría la lengua
por falta de reposiciones vínicas.
¿Dije bien?

Lindo tiempo ese el perdido,
pero conciso, lleno de hombría y amistad.
¿O qué otra cosa tiene mejor la vida
que darse el gusto uno sin ofender a nadie? Sí,
estuve revolcándome en La Gota de Grasa.
Y los moralistas vayan a otro bar a predicar
porque aquí los mirones son de palo.


Riña de gallos

Otra vez
por dormido mal anoche amanecí atravesao.
Por eso le dije a un amigo tu poesía
nada que ver con la poesía,
es harina de otra bolsa.
Y como el hombre se molestó
l'endilgué este discurso: ¿Qué ti has créido ah?
tirás la taba al aire y cuando cae culo
vos decís gané.
Además si tu asunto es engañarte hacé
lo que se te más guste,
largá ventosidades por la boca
y escribilas como poema, pero no me vengás
con que son verdades mundiales.

Cierto le pegué rudamente hoy
por las palabras bostezadoras qu'escribe y él
de manera peor me devolvió los palos.
Si mi abuela viviera nos hubiera dicho dejen
de darse picotazos en la cresta,
con su pan se la coman a la poesía.

lunes, 31 de enero de 2011

Los poetas escriben para los poetas. Los poetas son los que rinden homenaje a su propio trabajo y todo este mundo se parece mucho a cualquier otro de los tantos y tantos mundos especializados y herméticos que dividen la sociedad contemporánea. Los ajedrecistas consideran el ajedrez como la cumbre de la creación humana, tienen sus jerarquías, hablan de Capablanca como los poetas hablan de Mallarmé y, mutuamente, se rinden todos los homenajes. Pero el ajedrez es un juego mientras que la poesía es algo más serio y lo que resulta simpático en los ajedrecistas, en los poetas es signo de una mezquindad imperdonable.
La primera consecuencia del aislamiento social de los poetas es que en el mundo poético todo se hincha, y aun los creadores mediocres llegan a adquirir dimensiones apocalípticas y, por el mismo motivo, los problemas de poca monta cobran una trascendencia que asusta. Hace tiempo hubo entre los poetas una gran polémica sobre la famosa cuestión de las asonancias y parecía que la suerte del universo dependía del hecho de si es posible rimar "espesura" y "susurran". Es lo que sucede cuando el espíritu gremial domina al universal.
No se les ocurre pensar que en un recital poético es casi imposible asimilar un verso (porque no basta escuchar un verso moderno una sola vez para entenderlo), que miles de libros se compran para no ser leídos nunca, que los que escriben en los periódicos sobre poesía son poetas y que los pueblos admiran a sus poetas porque necesitan mitos.
No se dan cuenta de que si las escuelas no enseñasen a los niños el culto de los poetas en sus tristes y tan formales clases de idioma nacional y si este culto no se mantuviera todavía por inercia entre los adultos, nadie, fuera de unos pocos aficionados, se interesaría por ellos.
Que me disculpen los poetas. Hay que abrir las ventanas de esta hermética casa y sacar a sus habitantes al aire fresco, hay que sacudir la pesada, majestuosa y rígida forma que los abruma. -Y además mis palabras están destinadas a la nueva generación. El mundo se vería en situación desesperada si cada año no entrase un nuevo contingente de seres humanos, frescos, libres del pasado, no comprometidos con nadie ni con nada, no paralizados por puestos, glorias, obligaciones y responsabilidades, seres, en fin, no definidos por lo que ya han hecho, y por lo tanto, libres para elegir.

Witold Gombrowicz, citado por Arturo Carrera y Teresa Arijón en Teoría del cielo.

martes, 28 de diciembre de 2010

Héctor Viel Temperley

La Tristeza

Para lavar esta tristeza
hoy llevaría cuerpo y alma
a los chorros helados
de la pampa de Achala.

A caballo iría al alba
bajo su cielo gris,
camino a una hondonada
a donde fui una vez, hace ya tanto.

Escucharía el viento,
miraría unos cóndores volando,
y después,
laja
a laja
bajaría el caballo,
dando golpes de agua
sus manos
y asustado.

Como un casco de guerra
olvidado allá abajo,
llenándose de paz,
de ramas y de cielo
ya sin nubes, la hoya
estaría esperando.

Me quitaría las botas
una a una
durante largo rato,
miraría una vez más
sobre el poncho el revólver,
las crines del caballo,
respiraría, me santiguaría,
y avanzaría despacio...

Que para lavar esta tristeza,
un año dejaría cuerpo y alma
bajo los chorros solitarios
de la pampa de Achala.

de El nadador (1957).


Prendo la radio del coche

Prendo la radio del coche,
cierro las puertas y ventanas
y me alejo.

Que los ruidos
se gasten solos
mientras camino entre los árboles.

A veces siento
que alguien nos encerró
con llave
en este mundo.
Lo mismo hice yo,
pero a lo grande.


Quise ser como mil sables

Quise ser como mil sables
en el instante de desenvainarse.
Quise poner mis ojos en sus ojos
y hacerla arder
con la luz de mil sables.

Creo que fue algo así
como querer ser ángel.
Como no querer morirme
adentro de la carne.


Ya va el tercer verano

Ya va el tercer verano
que no quiero.
Canta el gallo en la madrugada caliente
de la ciudad sala de guardia,
de la ciudad velorio,
de la ciudad comisaría,
de la ciudad infierno.

de Humanae vitae mia (1969).

lunes, 6 de diciembre de 2010

Un poema largo y hermoso, e inteligentemente inasible.
Un poema de los días pasados y para los días por venir.
Un poema entre el barro y lo sublime. Para siempre.

sábado, 4 de diciembre de 2010

"Un día Pipotto sacó el dinero del colchón porque lo habían abierto para cambiarle la lana, y después no se acordaba dónde lo había guardado. Pipotto no le decía a su mujer que no se acordaba, porque tenía miedo, pero un día empezó a buscar en distintos tachos y Angelina, que estaba lavando, le preguntó:
   -¿Qué es lo que estás buscando?
   -Nada -dijo Pipotto.
   -Es el dinero -dijo Angelina. Hace tiempo que falta. Si lo gastaste quiero otro dinero igual a ése enseguida.
   Y entonces los dos se pusieron a buscar y era de noche, y estaban sin linterna ni nada, y de pronto Angelina vio un pedazo de tierra removida y empezó a sacar tierra con la pala y dijo:
   -Acá está. Lo pusiste aquí.
   Y sacaron las monedas y se pusieron a limpiarlas muy despacio, hasta que tuvieron brillo y las guardaron en el colchón que había sido cardado nuevo hacía poco."

Extracto de "Angelina y Pipotto", cuento de Hebe Uhart.