XLV
Me desvinculo del mar
cuando vienen las aguas a mí.
Salgamos siempre. Saboreemos
la canción estupenda, la canción dicha
por los labios inferiores del deseo.
Oh prodigiosa doncellez.
Pasa la brisa sin sal.
A lo lejos husmeo los tuétanos
oyendo el tanteo profundo, a la caza
de teclas de resaca.
Y si así diéramos las narices
en el absurdo,
nos cubriremos con el oro de no tener nada,
y empollaremos el ala aún no nacida
de la noche, hermana
de esta ala huérfana del día,
que a fuerza de ser una ya no es ala.
de Trilce, César Vallejo
Minimosca, por Gustavo Faverón
Hace 5 días
nos cubriremos con el oro de no tener nada. excelente*
ResponderEliminarsí, muy bien. además: ¿qué sería tener algo en el absurdo? o mejor: ¿para qué?
ResponderEliminarun beso, mariam.