domingo, 25 de julio de 2010

"¿Quién de nosotros no ha soñado en días de ambición con el milagro de una prosa poética, musical, sin ritmo ni rima, suficientemente dócil y nerviosa como parar poder adaptarse a los movimientos del alma, a las ondulaciones del ensueño, a los sobresaltos de la conciencia? De la frecuentación de la ciudades, del crecimiento de sus imnumerables relaciones nace sobre todo este ideal obsesionante."

Walter Benjamin

domingo, 13 de junio de 2010

Mientras me lavo la cara

Darío, parado, grita y gesticula.
Bajo una frazada marrón,
Daniel se ríe y habla de sus novias.
Están borrachos y los que gritan en la cocina,
como diputados, también.
Mi vieja, resucitada,
golpea las ventanas, pidiendo entrar.
Al amanecer, bajo una claridad despiadada;
cigarrillos, libros desperdigados,
platos con comida.
Camino, despacio, hasta el baño;
sé que la desgracia está sobre nosotros,
no ahora, tampoco el año próximo,
todavía somos jóvenes, pero eso
se pierde enseguida.
No tenemos nada, pienso,
mientras me lavo la cara,
ni un oficio, ni una herencia,
ni una casa de sólida piedra.

Fabián Casas, en El Salmón.

miércoles, 2 de junio de 2010

Del Hijo

Le acabé adentro.

Por bronca
por impotencia
por resentimiento,
dentro
bien adentro,
por amor
por lo que nos hicimos
y lo que nos debemos,
porque no pudimos
dejar de querernos.

Porque estoy vencido.

Por nuestro pasado.

Porque soy un filo
que está sin cuchillo,
porque soy el nudo,
la estaca y el grito.

Le acabé adentro
porque quiero un hijo,
porque la quiero
y porque no la quiero
y porque estoy cansado
y me siento viejo.

Por eso, y por cosas
que olvidar prefiero,
le acabé adentro.

Porque cuando pienso
en mi viejo lloro,
porque cuando pienso
en mi vieja lloro,
porque extrañaba
mi carne en su carne,
y porque estoy solo
y por las mil noches
que antes de acabar
suplicaba
que le acabara dentro.

Por hijo de puta.
Porque cuando pude,
pudo y quería,
llenarse de mí,
elevar su vientre
a la categoría
de los nueve meses,
me negaba siempre.

Porque al proponer
las demoliciones,
nunca me pensé
solo y demolido.

Porque no la olvido,
porque hubiera sido
diamante perfecto
muy bien escondido
dentro de la piedra
su hijo y mi hijo,
porque estoy buscando
demorar mi muerte,
porque las palabras
ya no me contienen,
porque quiero verme
en ese que viene,
porque ya no quiero
soñarme
de niño y anciano
que se encuentran siempre
y nunca - nada - dicen,
porque cuando hablamos
de llegar a viejos
ella estaba sola
y yo estaba muerto.

Porque hubiera sido
algo hermoso y bueno
que una parte suya
me acompañe siempre.

Bien adentro y mucho,
como una sucesión
de puñales secos.

Porque estoy enfermo
del mundo y su fuego
que me cuece lento
el amor y el odio,
y este pensamiento
que lame mi semen,
mi calva y mis huesos:
¿ cómo hubiera sido su hijo y mi hijo ?

¿ cómo hubiera sido ?

Lucas Tejerina

domingo, 23 de mayo de 2010

PRÓLOGO DEL TRADUCIDO

Todas mis amigas viven en otros mundos,
y ninguna en el mío o en el de otra.
Asi que
perdoname, mi amor,
pero esta noche
no puedo diseñar ninguna ONG
para girar el foco hacia
algún rincón devastado de la humanidad,
ni te acompañaré a la cena
del Partido -aun cuando hubiera adorado
socializar con ejemplares vivos
del trotskismo.
Porque están los otros mundos de mis amigas,
y hay noches en que no sé
qué hacer con todo eso, hay noches,
creeme, en que no sé
qué hacer con tanto.
Espero que lo entiendas: nadie tiene
un bolsillo tan grande
como para llevar consigo
tantos mundos a una cena
a la que de todos modos no fueron invitados.
Por eso esta noche
los desparramaré sobre mi cama
y los echaré al aire
y me bañaré con ellos como
las monedas del tesoro de un
millonario demente, y los perderé de a ratos
entre mis uñas no cortadas por años,
y los dejaré
caer sobre mi pecho desnudo
como el oro asesino de una lluvia
incandescente, y en el exacto momento
en que vos estés levantando una copa para
repetir que todo es ilusorio menos
el poder mientras un compañero desde
atrás mete su mano bajo tu pollera, yo
abré caído exhausto en el sueño,
con la cabeza colgando a los pies
de la cama, para que
los mundos de mis amigas
comiencen a traducirme.

En Las otras. Historias del misógino que amaba a todas las mujeres, Nestor Barrón.

*dedicado a mi hermanito Lozano.

sábado, 15 de mayo de 2010

XII
Que mi salud es débil,
Que no resisto los rigores del trabajo intelectual,
Que mi pensamiento es inestable y que a menudo me
equivoco en mis apreciaciones sobre la verdad de las
ciencias y las magias del arte,
Que soy descuidado para con mi persona,
Que no me baño con regularidad
Y que mis cabellos y mis uñas crecen sin control,
Que he derrochado mi hacienda en beneficio de los pobres
de espíritu,
Que he favorecido más de lo justo y necesario a los
enfermos,
Que he permanecido largas horas en los cementerios
Disfrutando paganamente de la soledad y el silencio
consagrado a los muertos,
Que en momentos de desesperación y orgullo he escupido
el rostro de los ídolos,
Que he vuelto ebrio y caído dormido en los
bancos de las plazas y en los tranvías,
Y que gasté mi juventud en viajes inútiles y estudios
innecesarios.

Nicanor Parra, en Ejercicios respiratorios.

domingo, 25 de abril de 2010

El caballete

He perdido el tiempo esta mañana,
y estoy profundamente avergonzado.
Ayer noche me acosté pensando en mi padre.
En el riachuelo donde paseábamos —Butte Creek—
cerca del lago Almanor. El agua me arrullaba en sueños.
En el sueño, estaba por todas partes
y yo no podía levantarme ni moverme.
Pero cuando desperté esta mañana temprano
fui al teléfono. Aunque
el río fluía allá abajo en el valle,
en la pradera, corriendo entre tréboles.
Pinos se alzaban a ambos lados de la pradera
y yo estaba allí.
Un niño sentado en un caballete de madera
mirando hacia abajo.
Viendo a mi padre beber agua con las manos.
Luego dijo: «El agua está tan buena.
Me gustaría poder llevarle a mi madre un poco de esta agua».
Mi padre todavía la quería, aunque estaba muerta
y él había pasado mucho tiempo lejos de ella.
Tuvo que esperar algunos años más
hasta que pudo ir a donde estaba. Pero él quería
a esta región donde se encontró a sí mismo. El Oeste.
Durante treinta años la tuvo en el corazón,
y luego la dejó ir. Se acostó una noche
en un pueblo del norte de California
y no despertó. ¿Hay algo más sencillo?

Me gustaría que mi vida, y mi muerte, fueran tan sencillas.
De modo que cuando despierte
una hermosa mañana como ésta,
después de estar en algún sitio
donde quería estar toda la noche,
algún sitio importante, pudiera moverme del modo más
natural
y sin pensar en ello, hasta mi mesa de trabajo.
Digamos que lo hice, del modo sencillo que he descrito.
De la cama a la mesa de trabajo de la infancia.
Desde aquí no hay mucho hasta el caballete.
Y desde el caballete podría mirar hacia abajo
y ver a mi padre cuando necesitara verlo.
Mi padre bebiendo aquella agua fresca. Mi dulce padre.
El río, sus praderas, y pinos, y el caballete.
Ese. Donde una vez estuve.

Me gustaría hacer eso
sin tener que disculparme ante mí mismo por ello.
Ni sentirme mal por interesarme por cosas menos
importantes.
Sé que es hora de cambiar de vida.
Esta vida —con sus complicaciones
y llamadas telefónicas— es indecente,
y una pérdida de tiempo.
Quiero hundir mis manos en agua fresca. Del modo
en que lo hizo él. Otra vez y otra vez y otra.


Raymond Carver, en Bajo una luz marina.

sábado, 3 de abril de 2010

XLV

Me desvinculo del mar
cuando vienen las aguas a mí.

Salgamos siempre. Saboreemos
la canción estupenda, la canción dicha
por los labios inferiores del deseo.
Oh prodigiosa doncellez.
Pasa la brisa sin sal.

A lo lejos husmeo los tuétanos
oyendo el tanteo profundo, a la caza
de teclas de resaca.

Y si así diéramos las narices
en el absurdo,
nos cubriremos con el oro de no tener nada,
y empollaremos el ala aún no nacida
de la noche, hermana
de esta ala huérfana del día,
que a fuerza de ser una ya no es ala.


de Trilce, César Vallejo